Sobre la identidad de género.

El choque entre el activismo trans y un sector del feminismo.

Esta entrada lleva una disculpa por delante, porque ni soy mujer, ni soy transgénero, con lo cual desconozco las experiencias que conlleva vivir cualquiera de esas 2 realidades. Por tanto, lo que viene a continuación, (bastante desestructurado además) no pretende ser la verdad absoluta ni zanjar un debate aún abierto, sino si acaso abonar al mismo desde el respeto. Con todo lo anterior y quizá de forma muy optimista, creo que los seres humanos, fundamentalmente, podemos entendernos los unos a los otros y que escuchar las experiencias de otros, puede ayudarnos a formar una concepción aproximada de su situación de vida.


Dicho lo anterior, hay un tema que me ha estado llamando mucho la atención últimamente, y que en cierto sentido era esperable tarde o temprano, pero cuya colisión se ha vuelto más y más evidente los últimos días. De mi formación marxista hace algunos años, tuve contacto con el movimiento feminista. Específicamente con un grupo del movimiento feminista, que es el feminismo anticapitalista. Las y los marxistas han estado siempre vinculados a la causa de la equidad entre los géneros, ya que lo hacen en el entendimiento de que esa situación de diferenciación entre los sexos proviene de una realidad material inicial, que por cuestiones meramente biológicas, daba al hombre el rol de proveedor, y a la mujer el rol de cuidadora. La diferencia entre el hombre y la mujer, parece tener su inicio incluso desde las sociedades de cazadores-recolectores, teniendo el hombre por lo general un cuerpo con mayores capacidades físicas, tenía que dedicarse a las arriesgadas actividades de caza y recolección. Siendo la mujer más frágil cuando se encuentra embarazada, y pudiendo poner en riesgo a las crias en tal situación, le corresponde quedarse en el hogar y hacerse cargo del mismo. En ese sentido, resulta relevante notar que a medida que el desarrollo de los medios de producción avanza, así como los métodos anticonceptivos, esa diferencia también se ve reducida al punto de volverse irrelevante, ya la mujer no tiene impedimentos para involucrarse de la misma manera que el hombre en la vida pública y en la vida laboral.


Se considera que en base a estas diferencias históricas, se constituyeron también diferencias añadidas a nivel social. Los famosos roles de género, de las mujeres ya era deseado o esperable, no solo que realizaran determinadas actividades, sino también que se apropiaran de determinadas actitudes. Se hablaba de que determinadas actitudes o actividades eran "masculinas" o "femeninas", así, un hombre no podía mostrar debilidad o llorar ni dedicarse a actividades como la cocina y la decoración ya que eso era cosa de mujeres, y una mujer no podía dedicarse a la mecánica o la ingeniería o descuidar su imagen física, porque eso era cosa de hombres. Se ha ido trabajando desde entonces por desmontar muchos de estos estereotipos y roles de género, con el fin de crear nuevas formas de vivir la masculinidad y la feminidad, que no provengan de imposiciones culturales.



Sin embargo, para nadie es tampoco un secreto en la actualidad, que las diferencias fisiológicas de los hombres y las mujeres también permean al cerebro. Esto es, el cerebro es un órgano sexuado. Y es que es completamente entendible que se desarrolle de esta manera, ya que la fisionomía de unos y otras mantiene dinámicas hormonales y de funcionamiento distintas, que considero imposible que no impusieran una diferencia también a nivel cerebral. El problema con esta situación, es que aún del cerebro conocemos muy poco. Sabemos a grandes rasgos que determinadas zonas del cerebro cumplen determinadas funciones, porque podemos observar en tiempo real la forma en que se desarrolla la actividad cerebral frente a diferentes estímulos. Múltiples estudios en ese sentido se han realizado observando diferencias consistentes. Diferencias que, en todo caso, no deben esgrimirse como argumento para revivir estereotipos de género, ya que así como los cuerpos masculino y femenino no son 2 categorías estrictas y universales, sino que existe todo un abanico de diversidad fisiológica entre hombres y mujeres, del mismo modo es complicado hablar de un cerebro femenino y un cerebro masculino, sino que lo que se tiene es una amplia diversidad del mismo, que se extiende a través de rangos que pueden llegar a solaparse. Aún así, es posible "promediar" las características tradicionales del cerebro masculino y del femenino, para construir 2 arquetipos de cerebro masculino y femenino promedio. Del mismo modo incluso, puede buscarse en los extremos de esas observaciones, para extraer la naturaleza de un cerebro "radicalmente" femenino y "radicalmente" masculino. Las implicaciones que estas diferencias puedan tener sobre el comportamiento humano, están por verse, sin embargo son, a mi parecer, irrelevantes, en tanto al ser categorías que pueden solaparse entre sí, no importa mucho si eres hombre o mujer.


Sin embargo, un tema aparte supone la llamada identidad de género. La identidad de género es la percepción que se tiene de uno mismo, acerca del género al cual pertenece. Por su mera descripción, pudiera parecer que es un asunto totalmente subjetivo, una cuestión aprendida y de origen cultural, y muchos han llegado a esa conclusión. Sin embargo, diferentes experimentos realizados bajo esa premisa, han terminado demostrando lo peligroso que es hacer simplificaciones de esa naturaleza, y reducir la identidad de género, única y exclusivamente a una construcción social. Está el caso, por ejemplo, de un niño que al nacer, sufrió accidentalmente una amputación del glande, y un médico, basado en la idea de que la identidad de género se construye, recomendó a los padres una operación de reasignación de sexo. Al niño se le crió y educó en todo momento como una niña, y se le proporcionaron las terapias hormonales correspondientes para permitir su correcto desarrollo biológico. Los resultados no pudieron menos que ser desastrosos. El niño creció y al llegar a la adolescencia, comenzó a sentirse fuera de lugar, como si no encajase entre el resto de las niñas, su comportamiento era marcadamente masculino y en repetidas ocasiones consideró la opción del suicidio. Fue en ese momento que sus padres decidieron contarle la verdad, y el jóven se sometió voluntariamente a una operación de cambio de sexo. Vivió felizmente bajo el nombre de David, se casó y fue padrastro de 3 hijos.


Y es que la evidencia parece ser muy claro en que tanto las diferencias fisiológicas, como la forma en que evolucionamos a lo largo de los años, han tenido la capacidad de imprimirse más allá de a un nivel meramente cultural, y que así como otras especies de animales, presentan comportamientos diferenciados según el sexo, sin que pueda pensarse en una cuestión de naturaleza cultural, es posible y esperable que el mismo fenómeno se presente en los seres humanos.


Sin embargo, nuestra limitada comprensión del funcionamiento del cerebro y la mente no nos permiten afirmar nada con certeza absoluta. Y es que si bien podemos argumentar al cerebro, como un organo sexuado y evolucionado a partir de esa diferenciación, y si bien podemos querer establecer que esa diferenciación sexual mental da origen a la identidad de género, el cerebro es un órgano altamente moldeable y maleable. Hay historias sumamente interesantes, por ejemplo, la de un obrero de la construcción que, al trabajar, sufrió un accidente donde una viga le atravesó el cerebro de lado a lado. Más de la mitad de su cerebro tuvo que ser removido, y sin embargo (salvo por un marcado cambio en su personalidad) pudo vivir su vida normalmente. Las funciones que se encontraban en las áreas de su cerebro que fueron removidas, fueron suplidas y realizadas por otras áreas. El cerebro tiene experiencia reconfigurandose a sí mismo.


Del mismo modo, también es sabido que el cerebro pasa por ciertas etapas de desarrollo, por ejemplo, el desarrollo del habla típicamente se da durante los primeros años de vida, y pasados los 8 años es prácticamente imposible para alguien que no aprendió a hablar, poder hacerlo. Siendo así, pudiera existir la posibilidad de que la identidad de género sea otro componente que se desarrolla en ciertas etapas de la vida, después de las cuales resulta inmodificable.


Tan poco sabemos acerca del funcionamiento del cerebro, que resulta sumamente complicado hacerse una idea clara de quien tiene la razón en este interminable debate. Yo me inclino sin embargo, por pensar que las mujeres trans, nacen así. Que no se trata de ninguna manera de una identidad aprendida, sino de un elemento fundamental de la biología humana. Y me inclino a creerlo así, porque tengo conocimiento de la travesía de dificultades que enfrentan las mujeres trans en su camino a la aceptación, desde discriminación laboral, hasta crímenes de odio y asesinatos. No imagino a nadie decidiendo que quiere pasar por toda esa jornada, sino es porque su misma naturaleza así lo impulsa. Sus propios testimonios dan fe de que se trata de una condición que manifiestan identificar desde su desarrollo más temprano. Y mientras que en el tema de la identidad de género, las mujeres trans no lo hacen por una convicción ideológica sino por una realidad que viven y experimentan en carne propia. En tanto no se trata de una agenda (que sería bastante absurda) movida por sepase que intereses, sino movida por la necesidad de se tratades con respeto ante una realidad que NO han escogido vivir. Mientras que del otro lado de la acera, lo que se observa es más bien un movimiento de caracter ideológico (muy respetable) que puede estar cayendo en contradecir la evidencia para sustentar sus posicionamientos. En tanto todo eso puedo yo observar, me inclino a pensar que las mujeres trans son tan mujeres como las mujeres cis, y que una parte del feminismo, lo que manifiesta es una actitud transfoba.